tiene buena memoria

Carlos Ostolaza, Rosina, Elid Brindis, Charo Arroyo, Carmen Brida y Manuel Mosquera, 2017

Poemas del autoexilio de Elid Rafael Brindis (México)

Por Rosina Valcárcel

Y cómo podíamos cantar con el pie extranjero sobre el corazón

SALVATORE QUASIMODO

Publicado: 2017-07-23

Son las 7 de la noche del 30 de septiembre del año 2011. El local del Centro Cultural de la PUCP está agitado. Ahí, medio clandestino, está Elid Rafael Brindis contemplando a la gente que ingresa a la Sala del cuarto piso. La noche primaveral parece un navío y el poeta florece como un gato azul añil a punto de saltar.  

Elid Rafael Brindis Gómez, periodista, escritor, poeta y crítico literario mexicano. Durante dos décadas desempeñó el cargo de editor y luego de subdirector del diario Expreso Chiapas en Tuxtla Gutiérrez (México). En forma paralela, laboró once años como supervisor en la corrección de textos y cuidado editorial en Talleres Gráficos del Gobierno del Estado de Chiapas. Fue asesor congresal en la Cámara de Diputados al Congreso del Estado de Chiapas en la década de los noventa. También escribe reportajes e investigaciones para revistas de corte científico y cultural, además de desarrollarse como escritor, editorialista, articulista, analista político, crítico literario, ensayista y promotor cultural.

Hoy tiene a cargo la revisión y cuidado de textos del área editorial de la Universidad Autónoma de Chiapas, de la revista Quehacer Científico en Chiapas, arbitrada por la comunidad científica internacional.

En Lima, Perú, es editor del Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y corrector de textos del Fondo Editorial del Congreso de la República y del Ministerio de Defensa del Perú.

Asimismo, brinda asesoría para la organización de foros sociales, investigación social, protocolos y servicios editoriales; e imparte cursos de corrección de textos y revisión de estilo, periodismo y redacción.

Ha participado en los encuentros Baquerizo de las ciudades de Cusco, Cajamarca y Piura, organizados por el Gremio de Escritores del Perú.

Es integrante del Colectivo Macondo, Lima, y antologado en Esta fugacidad: todo mi reino (editorial horizonte, 2016), editado por el Colectivo. Ha dado recitales en diversas partes del Perú. Participó en el XV Encuentro Poetas y Narradores de las Dos Orillas y V Congreso Americano de Literatura, organizados por la Comisión Cultural «De las Dos Orillas» y Ediciones Botella al Mar, en Punta del Este, Uruguay. En mayo de 2017 fue nombrado «Hijo adoptivo de Santiago de Chuco», por la Municipalidad de Santiago de Chuco, tierra del poeta César Vallejo, en el XVIII Encuentro Capulí, Vallejo y su Tierra.

Reseñas de Elid

Tiene en su haber diversas reseñas literarias.

Sí pues, en el mes patrio mexicano de 2011 conocí a Elid Brindis, cuando mi hermano Marcel Valcárcel lanzó Memoria en dos mundos, libro de creación literaria de narración, bajo el impulso editor de Alberto Escalante y el aliento del periodista mexicano Elid Rafael Brindis, en el Prólogo a Memoria en dos mundos, donde este glosa:

Recrear mundos idos sugiere un máximo esfuerzo a partir de memorias aparentemente olvidadas. Sobre todo, supone una tarea harto difícil si consideramos que igual de difícil es hablar en voz personal; es decir, en primera persona. […]

Así, Memoria en dos mundos, resume dos épocas entrelazadas en «Mundos que se fueron» y «En busca de la infancia perdida», que, en honor a la verdad, engloban muchos mundos, todos ellos afines a Marcel Valcárcel Carnero: su «antes» y su «después».

A propósito, se destaca aquí la capacidad de síntesis del autor pues en esos dos breves relatos apunta con precisa dirección el rumbo que tomó la vida de los principales personajes de antaño, los de ayer y los de hoy, abarcando décadas de los más disímiles encuentros.

Más aún, aporta valiosos datos históricos —por muchos conocidos y por pocos escritos—, como parte de esa memoria familiar también uncida a los acontecimientos que tuvieron espacio en ese transcurrir del tiempo.

Precisamente, la indisoluble dualidad de Valcárcel Carnero: nieto-hijo, profesional-investigador, le llevó a crear una obra diferente, un relato familiar con llamados a pies de página; algo inusual y fuera de los acartonamientos y estrecheces, distinto a lo que nos tienen acostumbrados otros autores de oficio.

Anatemizando: la constante en Memoria en dos mundos, es sin duda la mudanza; los cambios constantes de ciudades dentro del mismo Perú, los cambios de país de morada, los cambios de residencia dentro de Lima. De la mano de Marcel Valcárcel, el recorrido por México, Guatemala y otros lugares comunes, el lector ayuda a recrear esos mundos, que hoy se muestran en todo su onirismo.

Sin embargo, algo muy cierto, que no cambia ni se modifica ni se muda en todo el periplo, es la convicción por los ideales marcadamente intactos en todos los personajes. Grosso modo, entonces, el autor nos deja con una ligera sensación de que esta es una suerte de obra inconclusa, y de que en cualquier momento habrá una segunda parte, tan ricamente expresada como esta entrega: Memoria en dos mundos. (E. R. B. G., Lima, septiembre de 2011)

El poemario Ansiedad de lluvia, del poeta chiapaneco (chiapacorceño) Mario Nandayapa, editado por el Gobierno del Estado de Tabasco en 2013, fue prologado por Rosina Valcárcel Carnero y Elid Rafael Brindis. El libro contiene 81 páginas y el autor presenta una buena selección que expresa su idiosincrasia lírica.

Elid Brindis, México y Chiapas

Nuestra niñez en México esculpió mi existencia. Entre 1951 y 1956 en el exilio político que sufriera Gustavo Valcárcel Velasco, mi padre, pudimos oír leyendas, mitos, relatos, corridos, poemas. Mi precoz descubrimiento del umbral cultural de Mesoamérica y los Andes me acogió y conocí diversas historias populares sobre Quetzalcóatl, entre los aztecas, relacionadas con los dioses del viento, también dios patrono de los aztecas, de aprendizaje y conocimiento. He soñado durante noches numerosas con la tierra rebelde de Chiapas y sus mitos.

«La cueva encantada del Mactumatzá»

Oímos el relato «La cueva encantada del Mactumatzá» de Chiapas. Lo que se escucha de la leyenda de la cueva encantada es que todos los jueves santo en cada año, se abre la puerta para que pase la gente, dentro hay comida de toda clase y quien ingresa puede tomar todo lo que desee y comerlo allí dentro, no obstante no puede sacar nada, tampoco puede quedarse hasta después de las 12 de la noche, lo que acaece es que la piedra que cubre la cueva se cierra pasada esta hora y quien queda dentro no puede salir hasta el año entrante que se vuelve a abrir recién.

Uno de los Estados en México con mayor biodiversidad es sin duda Chiapas, el cual cuenta con paisajes hermosos como la selva Lacandona.

Sus principales atractivos turísticos se basan en joyas arquitectónicas y algunas arqueológicas, paraísos naturales como el cañón del Sumidero.

Aquello me llevó a pensar que ese ámbito admirable habitó el alma de quienes lucharon y vivieron por un porvenir libre y del propio autor nuestro. Cada rincón que sujetó al poeta me incitan, en este albor de desvelo anhelante, a sumergirme en estas páginas de testimonio.

Con la flauta fina el aeda convoca a las musas para escribir sus propios cantares. El azar lo alejó de su tierra el año 2010 y lo trajo a nuestro país. Luego de cumplir diversas tareas decidió llamar a Marcel, mi hermano, con quien tenía el contacto virtual.

Me impresiona y fustiga el título, Poemas del autoexilio, este libro no carece de brújula, autoexilio es una palabra impugnadora.

La gracia del arte, de la poesía se halla en la magia, intimidad, angustia y humildad donde la escritura se fragua. Tiene que erigir lo que se imagina como una creación genuina. La poesía surge, la palabra brota una de otra, paulatinamente y se va forjando como un metal al rojo vivo.

Se filtra en la literatura la poética de lo condensado, de lo breve, de lo deliberado que debe ser un poema lírico. A veces está oscuro el horizonte o el viento vehemente es solo una caricia.

En estos años, la existencia de Elid ha variado, él ya es otro y el camino literario de Brindis reveló un interés específico. Él es un experimentador y constructor. Para el autor mexicano la vida ondea entre lo elevado y lo repugnante con cierta debilidad por lo primero. La escritura es una pérdida que se deleita, de un modo u otro, una caída que se vive, un ejercicio que a veces produce desvaríos, engendros, orfandades. Veamos un fragmento del poema «En Lima no caen rayos»:

La tierra se cansa y se sacude,

el hambre no cae,

el hombre, sí.

La corrupción no cae,

el hombre, sí.

Es inútil.

Solo la muerte lo limpia todo

Sigo preocupado:

En Lima no caen rayos

y en la oficina de Migraciones la fila no avanza.

En Poemas del autoexilio hay textos que encierran un enigma, un secreto, al que el lector(a) no se puede resistir. Elid se comunica a través de los ojos, toma de la mano al lector, lo orienta hacia esas callejas, es un inventor de imágenes. La mayoría de los poemas platican sobre preocupación del ser humano y la cotidianidad; los lectores podrán hallarse entre los versos redondos y explorar su rostro.

La poesía es una necesidad, del mismo modo que lo es el amor, por ello no dudamos que el amigo Elid Rafael Brindis seguirá escribiendo cada estación con libertad, pasión y dominio del lenguaje. Sus versos tocarán a nuestros hermanos como si fuesen sus propias palabras, como si estuviesen evocando algo que, en la noche de los espacios infinitos, ya estaba al tanto en su corazón.

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Se presentará el sábado 29 de julio de 2017 a las 5 de la tarde en la Feria Internacional del Libro de Lima, Sala José María Arguedas. Lo acompañaremos en la Mesa de honor los poetas peruanos Rosina Valcárcel y Jorge Luis Roncal, así como el poeta argentino-uruguayo Alfredo María Villegas. (Gracias amiga Carmen Brida por el apoyo incondicional a nuestro  cuate Elid Brindis.)


Escrito por

Rosina Valcárcel Carnero

Lima, 1947. Escritora. Estudió antropología en San Marcos. Libros diversos. Incluida en antologías, blogs, revista redacción popular, etc.


Publicado en

estrella cristal

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