no le saca la vuelta a la ley

dETALLE DE lENIN POR dIEGO rIVERA

Vicente Huidobro / Elegía a la muerte de Lenin

Santiago, Chile – 1893- 1948

Publicado: 2017-11-13

Más que el canto de la vida 

más que la muerte misma

más que el dolor del recuerdo

más que la angustia del tiempo

es tu presencia en el alma del mundo.

Tú, hombre de alto clima

Tú, corazón de fuegos dominados

al entrar en la tumba

fuiste como un sol de repente en el invierno

fuiste como un verano en la muerte

contigo la muerte se hace más grande que la vida.

Los siglos reculan ante tu tumba

selvas y ríos vienen en peregrinación

y los países se arrodillan

las ciudades desfilan como banderas

y como quioscos de música

las aldeas más lejanas son coronas ardientes

el sol distribuye flores en los caminos para tu fiesta.

Que es la fiesta del hombre

las olas saltan unas sobre otras para llegar primero

a traerte el saludo de sus comarcas remotas

el ruido de los mares

se confunde en el canto de las multitudes

tu muerte crea un nuevo aniversario

más grande que el aniversario de una montaña.

Has vencido, has vencido

una fecha tan profunda como ésta

no han labrado los hombres

has abierto las puertas de la nueva era

tu estatura se levanta

como un cañonazo que parte en dos la historia humana.

Un hombre ha pasado por la tierra

y ha dejado cálida la tierra para muchos siglos

contigo la muerte se hace más grande que la vida.

Tú eres la nobleza del hombre

en ti empieza un nuevo linaje universal

y así como tu vida era la vida de la vida

tu muerte será la muerte de la muerte.

Un hombre ha derrumbado las montañas

al fondo de los siglos se oyen los pasos de millones de esclavos

se van alejando sobre el tiempo y el tiempo retumba de eco en eco

no hay más distancia de una tribu a otra

tu voz de semilla que traen los vientos venerables

tu voz Lenin cambia la raza humana

y hace una sola tierra de tantas tierras hostiles

tú eres la forma de los siglos que vienen

tú eres el Sosías del futuro

el bramido del odio vuelto canto de amor

obedeciendo los impulsos de la tierra

gritaste a las conciencias que no sentían el gran ritmo.

Tu clarín no permite que haya disidentes

sombras que se caen del hombre y se dejan morir sobre las rutas

un hombre ha pasado por la tierra

y ha dejado su corazón ardiendo entre los hombres.

Tú eres la imagen de los siglos que vienen

y ésa es la voz del sembrador

y los hombres levantan sus martillos

y los martillos se quedan suspensos en el aire

levantan sus hoces y las hoces se quedan en la luz

todos oyen, todos oímos

ese latir de tu corazón más allá de la muerte

ese latir de tu corazón que te vuelve a nosotros y te hace presente.

Podrías decir desde la muerte

estrellas yo puse en marcha a los hombres.

Eres el ruido de una aurora que se levanta

eres el ruido de todo un mundo que trabaja de todo un mundo que canta

eres el ruido de un astro victorioso recorriendo el espacio.

Qué lenguaje es ese que golpea a las rocas de la orilla

qué alimento es ese que ondea los trigales infinitos

qué palabras son esas que iluminan la noche

y ese latir más allá de la muerte.

Hemos recogido tus palabras

para que todo sea humano y verdadero

para hacer hombre al hombre

y cuando tu voz haya resonado en todo el mundo

los tristes los siervos los ilotas

desaparecerán en las profundas madrigueras

y saldrán hombres por todos los caminos

qué lenguaje es ese que mata el hambre y apaga la sed

qué palabras son esas que visten de calor.

Saltan las cadenas y con ellas salta el hombre.

Murieron los últimos esclavos los últimos mendigos

que tenían todas las lejanías de la tierra en sus manos tendidas

y se oye ese latir de tu corazón más allá de la muerte.

El hombre que hace gemir el yunque

el hombre que hace llorar la piedra

el hombre que lanza las semillas cerradas a los surcos

el hombre que levanta casas

el hombre que construye puentes

y el que escucha el canto de los pájaros

y el que cuenta las estrellas sentado en medio de la noche

el hombre que fabrica instrumentos y máquinas

el hombre que cambia la manera de las cosas

y las formas de la tierra

el hombre que amasa el pan y tiene olor a levadura en la mirada

el hombre que conduce rebaños de montaña en montaña

el hombre que guía caravanas en los desiertos más largos de su propia memoria.

Todos oyen

ese latir de tu corazón más allá de la muerte.

El hombre que piensa, el hombre que canta

el hombre solitario como la campanada de la una

las muchedumbres que se mueren lentamente

todos oyen tu corazón más allá de la muerte

tu corazón repicando adentro del sepulcro

contigo la muerte se hace más grande que la vida

los siglos reculan ante tu tumba

selvas y ríos vienen en peregrinación

y los países se arrodillan.

Desde hoy nuestro deber es defenderte de ser dios.


r/v

13/11/2017


Escrito por

Rosina Valcárcel Carnero

Lima, 1947. Escritora. Estudió antropología en San Marcos. Libros diversos. Incluida en antologías, blogs, revista redacción popular, etc.


Publicado en

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