sin derecho de gracia

pORTADA

Poemas dentro de una botella

Por Eduardo González Viaña

Publicado: 2018-02-13

Siempre me ha asombrado la capacidad de repentizar que tienen algunos poetas populares durante las fiestas del carnaval de Cajamarca. Fue allí donde conocí a Julio Carmona. Participaba en el en una suerte de duelo con un bailarín de los Baños del Inca, y sus coplas no tenían cuando terminar. 

Creo que lo volví a ver en una pelea de gallos que se realizaba en Lambayeque. El poeta apostaba a un gallo giro, y lo hacía componiéndole décimas de pie forzado. En uno de los momentos en que terminaba su larga recitación, me acerqué a conocer al poeta y a saludarlo.

Mi sorpresa fue grande cuando descubrí que Julio Carmona no era solamente un decimista popular, sino un catedrático autor de varios libros e incluso crítico literario.

Le aconsejé que publicara sus décimas, y toda la respuesta de obtuve de él fue: “Ya lo veremos. Ya lo veremos.”…

Ahora, Carmona acaba de publicar un libro llamado BOTELLAS DE NÁUFRAGO. Y de inmediato me he dispuesto a leerlo. Los primeros poemas que encuentro son una antología todo lo suyo y, a la vez, una expresión de la visión del mundo de su autor, sus desgarramientos y jolgorio, sus amores y sus odios, sus frustraciones y esperanzas, o como él mismo parece decirlo, la voz de una humanidad singular que busca ser la representación de toda la humanidad.

¿Y las décimas?

El segundo subtítulo del libro es “Dar de sí más”. En vez de usar la palabra correspondiente, el lúdico autor juega con la expresión que sería en ese caso “dando décimas” o tal vez “dando más de sí mismo”.

Y nos hace encontrar un conjunto de 50 composiciones poéticas como aquellas que le escuchara en Lambayeque, y todavía más. Aunque él sostiene que no se halla a la altura de los mejores decimistas populares, pienso yo que va más allá de eso, que rompe con las tradiciones demuestran que aquellas no tienen por qué se ser estáticas.

Lo mismo se puede decir del tercer subtítulo «Fuego en cenizas dormido» que recurre al uso de la cuarteta octosilábica (que con el nombre de «copla» nuestra poesía heredó de la tradición hispánica).

Y lo interesante de esta colección de cuartetas es que tampoco se ajustan a las prescripciones formales de la tradición, como una muestra reiterada de que lo tradicional puede ir y venir sin detener su fluir.

Y, por otro lado, la otra característica de este conjunto de cuartetas (doscientas en total) es que —por propia declaración de su autor— se han ido agrupando en algo que acostumbra a hacer: enviar una cuarteta diaria a través del Facebook, en su página «Epístola moral».

Cinco conjuntos componen el libro.

Pero que con las otras formas lo que ha querido es dar una muestra de su admiración por ese trabajo del verso en el que los poetas populares destacan de manera magistral. Y, además, como también lo dice expresamente trata de estimular en los poetas jóvenes la práctica de este tipo de versificación como una manera de prepararse para nuevas y, tal vez, mayores empresas poéticas.

No suelo hacer comentarios de libros. Sin embargo, encontré éste como una verdadera botella de náufrago. Lo recogí de la ola que lo traía y no tendré cuando terminar de releerlo.



12 febrero 2018


r/v




Escrito por

Rosina Valcárcel Carnero

Lima, 1947. Escritora. Estudió antropología en San Marcos. Libros diversos. Incluida en antologías, blogs, revista redacción popular, etc.


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