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mIGUEL rOSINA Y lEDA, 27 SEPTIEMBRE 2018, lIBRERÍA sur

Rosina, un Ave que Canta entre la Alquimia y el fuego

Por Miguel Ildefonso

Publicado: 2018-09-28


Rosina, un Ave que Canta entre la Alquimia y el fuego

En la página 129, en una entrevista, le pregunta Mia Choy Mayorga a Rosina Valcárcel cuáles han sido sus principales influencias literarias, y nuestra poeta menciona a Paul Éluard, André Breton, Benjamín Peret, Tagore, Whitman, Alejandra Pizarnik, y a un poeta turco, Nazim Hikmet, de quien dice fue comunista y estuvo preso muchísimos años. Me llamó la atención aquel poeta, que no conocía, o que creía no conocer. Al buscar sobre él, vi que sí había leído unos poemas suyos hace muchísimo tiempo. Es un gran poeta, nacido en 1901 y muerto en 1963, autor del libro Duro oficio el exilio. Uno de sus poemas dice: “Al partir, me quedan cosas que acabar,/ al partir./ Salvé la gacela de la mano del cazador,/ pero siguió desvanecida, sin recobrar el sentido./ Cogí la naranja de la rama,/ pero no pude despojarla de su corteza./ Me reuní con las estrellas,/ pero no pude contarlas./ Saqué agua del pozo,/ pero no pude servirla en los vasos./ Coloqué las rosas en la bandeja,/ pero no pude tallar las tazas de piedra./ No sacié mis amores./ Al partir, me quedan cosas que acabar,/ al partir.”  

Hago esta introducción algo larga porque encuentro, en aquel poeta, una de las más reconocibles influencias en la poesía de Rosina Valcárcel, que se caracteriza por su alto lirismo asociada a la vocación de servicio de los nobles ideales de un yo poético comprometido, como en el caso del gran César Vallejo, con la solidaridad y la justicia. Más allá de un lineamiento político, como destaca la crítica al abordar la propuesta poética de Rosina, al leer Alquimia y fuego, su poesía es un testimonio vital de lo humano, que comprende sus mayores pasiones y sentimientos, como el amor y la utopía. No voy a repetir lo que con agudeza, profundidad, erudición y claridad han escrito los autores que conforman esta Antología crítica de la obra poética de Rosina Valcárcel, y lo que la propia poeta revela en la segunda sección del libro, que son sus entrevistas, sino que destacaré algunos aspectos del presente libro y de la poética de Rosina que, así como lo que me evoca el poeta turco Nazim Hikmet, me llaman ahora la atención.

Y digo “ahora” porque un libro como el que nos convoca esta noche, publicado por la Editorial Horizonte en mayo del presente año, es un gran material que se presta para varias lecturas, y me refiero a que podemos leerlo para, principalmente, conocer y estudiar la poesía de Rosina, que empieza en 1966 con su primer poemario Sendas del bosque, que salió de la mítica imprenta La Rama Florida del poeta Javier Sologuren, hasta el noveno libro de poesía de 2016 titulado Versos para colgar en la pared, editado por la editorial que publica el presente libro. Pero también podemos vislumbrar sus otros importantes aportes culturales como cuando hallamos referencias a libros como Universitarios y prejuicio étnico, Mitos. Dominación y resistencia andina, Diario de talismanes y Aprendiz de maga, en donde escribe la antropóloga arguediana, la cronista sensible y la valiente periodista.

En Alquimia y fuego no solo accedemos a las lecturas críticas del conjunto de sus obras poéticas, presentes en una primera sección (y que reúne en trece ensayos a importantes autores como Manuel Baquerizo, Juan Cristóbal o Modesta Suarez), también accedemos a los estudios dedicados a cada libro de poesía, en la tercera y penúltima sección. Libros de poesía que comprende, aparte de los mencionados, Navíos de 1974, Una mujer canta en medio del caos de 1991, Loca como las aves de 1995, Paseo de sonámbula de 2001, Naturaleza viva de 2011, Contradanza de 2013, en donde podemos mencionar, también, su Poesía reunida (1966-2013) publicado en 2014. Esta, digamos, sección, que es la más voluminosa, trae también a autores reconocidos en la poesía y los estudios literarios como Hildebrando Pérez, Esther Castañeda, Enrique Verastegui, Tulio Mora, Lady Rojas-Trempe o Jorge Nájar; son 44 ensayos que al igual que los anteriores estudios compilados fueron publicados en diferentes medios y en tiempos distintos, y que nos revelan la gran recepción que ha tenido y tiene la obra de Rosina Valcárcel, además de su importancia y vigencia en la poesía de hoy.

Y en una última parte, la más breve, podemos hallar los Textos secretos de Rosina Valcárcel. Textos en que la poeta nos cuenta sobre su temprana vida en México, y la impronta del exilio tanto en su vida como en su poesía, además de sus opiniones sobre aspectos puntuales de su obra.

Alquimia y fuego es también un repaso de la poesía de los últimos cincuenta años, y algo más, pues al leer este recorrido vital y literario en la obra de Rosina Valcárcel también nos involucramos en el proceso estético de la lírica peruana, en donde nuestra poeta, como afirma la crítica especializada, es una suerte de “bisagra” entre la poesía, en el caso de la femenina, escrita hasta los sesenta, con autoras como Magda Portal, Cecilia Bustamante y Blanca Varela, y las poetas surgidas en la década del setenta y ochenta, en adelante. Hay que señalar que, como sabemos al compenetrarnos en el presente libro, al leer sus libros de poesía, y verificando en sus entrevistas y al conocer de su activismo social y político, la propuesta poética e intelectual de Rosina Valcárcel posee una variedad de discursos que, a pesar del tiempo, siempre se caracterizan por la coherencia y la honestidad.

Ciertamente, desde Sendas del bosque y Navíos, sus primeras publicaciones, vemos cómo sus estilos, en donde priman el lírico y el coloquial, han ido evolucionando hasta la prosa poética y los versos más descarnados. En ese sentido, la crítica ha resaltado también en ella, aparte de su mirada rebelde y su fe en el cambio de la humanidad, el ser una de las que se adelantó en liberar el eros de la mujer como luego se vería en la década del ochenta con una destacable cantidad y calidad de autoras. Allí están esos poemas como "Marihuana amor" y "Corté mis cabellos". Por eso, yo creo que más que pertenecer a la década del sesenta, como la cataloga el crítico Antonio Cornejo Polar al colocarla en la “Muestra de la Generación del 60”, y como leemos en el prólogo del presente libro, Rosina - tal como señala el sociólogo Eduardo Arroyo - más pertenecería a generación del 68, “una fecha crucial y clave para la vida del Perú”. Y viendo bien, a la luz del presente, yo diría, sin exageración y adulación, que Rosina más bien pertenece a todas las generaciones últimas, a las generaciones de cada libro suyo, pues quienes la conocemos, la atisbamos, quienes hemos leído sus poemas, y además sabemos de sus convicciones éticas, su defensa de los Derechos Humanos, su causa reivindicativa de la mujer, y la hemos visto en su batallar contra las injusticias en este Perú tan maltratado por el poder y el envilecimiento político, conocemos que su juventud es admirable y permanente, y que se renueva en cada lucha y en cada libro que publica, con la misma humildad con la que una vez ingresó a mi taller de poesía que impartí por el año 2003. (Recuerdo cuando la vi entrar al salón en el centro cultural Antares, y se sentó, y yo me quedé impresionadísimo de que venía como tallerista, la poeta Rosina Valcárcel, hija del gran poeta Gustavo Valcárcel, de quien había leído, sobre todo, sus magníficos libros de la década del noventa Una mujer canta en el caos y Loca como las aves, con esa potente voz que exhalaba experiencia, conocimiento y esperanza, en un medio acostumbrado al conservadurismo como el peruano. Era Rosina Valcárcel, a quien José María Arguedas la convenció de cambiarse de carrera a una más afín y sensible para la poesía y su amor al Perú. Y algunas cosas que sabía y había leído de ella. Y que ahora sé más, al leer el presente libro, como cuando en México conoció a Frida Kahlo y Diego Rivera, o que fue amiga de Guillermo (Chirinos) Cúneo y de Juan Ojeda.) Quizás al conocer el exilio tan pronto, entre 1951 y 1956, el vivir el desarraigo, es lo que explique su ubicuidad generacional, su saber estar en el presente y analizarlo para proyectarlo al futuro; porque la mirada de los grandes poetas es siempre hacia el futuro.

“¡Ciudad perdida de los cuervos!/ maldito infierno el que vivimos (…) Lima, yace bajo tierra,/ su mirada contra el muro de los muertos,/ ya nada, nada sucede en la ciudad;/ sólo los cuervos./ Lima ha recostado su cuerpo en la oquedad.” Estos versos pertenecen a su primer libro de 1966, pero parecieran haber sido escritos hoy, lo que corrobora esa atemporalidad que también destaca Bernardo Rafael Álvarez al decir que Rosina “pertenece, pues, a lo que Octavio Paz llama ‘el tiempo sin fechas’”.

Alquimia y fuego, por tanto, es un libro no solo académico. A veces lo académico puro puede resultar algo frío y aburrido para la mayoría de lectores no acostumbrados a los estudios críticos y literarios. Pero Alquimia y fuego, como tenía que ser para abordar a una poeta como Rosina, es también un libro intenso, lleno de vida, ameno y sensible. Y, como decía al inicio, permite muchas lecturas en las que podemos conocer, finalmente, lo que es el Perú, lo que somos nosotros, desde, por lo menos, la segunda mitad del siglo pasado, hasta un hoy en sus diferentes aspectos: cultural, social y político.

Grande es el trabajo de la autora de la compilación de este importante libro para las letras peruanas; la profesora, investigadora y traductora italiana, doctora Giovanna Minardi, especialista en Literatura Hispanoamericana, que ha publicado libros sobre la cuentística de Julio Ramon Ribeyro, la minificción peruana y la narrativa escrita por mujeres en el Perú. Giovanna Minardi, con Alquimia y fuego, da realce a la figura de poeta y luchadora social que es Rosina Valcárcel para la cultura peruana y Latinoamericana. “Alquimia” porque es la metáfora del conocimiento, de la elaboración concienzuda de un arte, de un pensamiento profundo y de un accionar que, sin la ardiente pasión, sin el fuego, no podría trascender.


27 de septiembre de 2018

Ponencia expuesta en el auditorio de la Librería SUR, el 27 /09/2018


Escrito por

Rosina Valcárcel Carnero

Lima, 1947. Escritora. Estudió antropología en San Marcos. Libros diversos. Incluida en antologías, blogs, revista redacción popular, etc.


Publicado en

estrella cristal

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